Nueva Reseña sobre “El Apacible”

“Entre las aromas más sagradas…”

Reseña sobre el libro “El Apacible” de José Gregorio Vílchez M.,

de la Profesora e Investigadora de la Universidad del Zulia, Iliana Morales Gollarza,

publicada en el periódico de L.U.Z.

     Bajo una palabra llevada como un deber escolar abre imágenes irresponsables. Su ala de miedo, su ala de paz. Entre el encanto de un juego surge el verso como “la belleza de lo que uno ama bajo el cielo”. Se lee “la elevación de la niebla abrupta”, que se desvanece como un “rezado silencio”. Cada poema ronda entre la música como páginas quietas. He tomado al azar algunos versos para darle al lector la posibilidad de lectura lúdica. Una lectura que se desliza entre un verso y otro sin ningún orden. Como el latido del corazón se desplaza la ternura. Conjura la soledad. Hay una manera de leer que nos permite repetir palabra a palabra hasta el encuentro fortuito de la metáfora que nos apresa.

Unos versos que nos dicen: “Como si ser humano fuese una profesión cualquiera,/ como si ser poeta dependiese de alguna prueba /de aptitud académica o endémica/ no les bastaba este obligado abandono”.

Leerlo es un contacto vital con cada palabra. Resonar entre los ritmos recorridos y quedarse recorriéndolos. Algo así como tararear una canción: “En tan urgente invocación de silencios/ aquel envolvimiento sonoro de crisálidas/ su refulgir genésico en las cosas/ seres redimidos en purpúrea y propia conjugación/ del eterno verbo innominal.”

Unidos entre el enigmático destino de expresar cuanta duda bate en el espíritu. Conmovido entre el sentimiento inaplazable ruedan por el mismo cauce. Sin ocasiones para redimir cada herida, acude a una memoria sensorial que muda la piel estremecida. Aquí habita una referencia atemporal. Se mueve entre un pensamiento centrífugo y hervido entre las aromas más sagradas.

“Puedo afirmar  que las que atisbo no son las calles de Bengala/ mas el monzón lacustre de estas coordenadas/ ha conducido también aquí sus aéreos elefantes/ en desfile cardinal/ con sus atavíos fértiles/ alfombrados/ para que el pensamiento amarice y languidezca”.

Lanza un cáliz de sombras que purifica el lamento de cada verso. Leamos estos versos y heredemos una nueva canción.

Iliana Morales Gollarza

LA LUZ ERÓTICA DE EUGENIO DE ANDRADE

Para todo artista, toda alma tocada por la revelación plausible del crear, lo erótico trasciende lo puramente genital y físico, y puede convertirse en esencia y experiencia cognoscitiva en la celebración absoluta delos sentidos, hasta acceder así al luminescer sensible de lo perceptivo, poseíble y real. Bajo esta experiencia, todos los cuerpos, sustancias, texturas, miradas…; adquieren la erótica tonalidad que, proyectada, va y vuelve hacia el mundo desde el Ser, desde la sensitividad. Así la música es caricia de cuerdas y teclas, los efluvios evocan y erizan, las palabras poéticamente dejan de ser sólo tinta y sonido para ser también sensuales, significantemente amorosas.

Una vez más, Octavio Paz, privilegiadamente nítido, encuentra ese punto de cópula amorosa y complementaria entre creador y mundo, entre poema y deseo:

“La idea del parentesco de los hombres con el universo aparece
en el origen de la concepción del amor. Es una creencia que comienza
con los primeros poetas, baña a la poesía romántica y
llega hasta nosotros. La semejanza, el parentesco entre la
montaña y la mujer o entre el árbol y el hombre, son ejes del
sentimiento amoroso. El amor puede ser ahora, como lo fue en
el pasado, una vía de reconciliación con la naturaleza. No podemos
cambiarnos en fuentes o encinas, en pájaros o en toros,
pero podemos reconocernos en ellos” (Paz, 1993:217).

Esa reconciliación natural entre poesía y mundo es la que irradia y nos apropia desde obras como “Las manos y los frutos”, “Oscuro Dominio”, “Víspera del agua”, “Blanco en lo blanco”; y otros cautivantes títulos, atrayentes, seductores, lumínicos del poeta Eugenio de Andrade (Beira Beixa, Portugal, 1923).

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La Resurrección de la Rosa

a Neva Mora,
amiga de los florecimientos

Al Señor de todas las rosas, al carmesí que me has mostrado

Todo acontece en el más imprevisible suceder. De súbito, la simiente sobrevenida desde el vacío va fermentando en lo vivo, entonces, vislúmbrase aún el carmesí. De un instante a otro, del ser o la palabra, la ínfima raíz se bifurca hacia donde el tallo irrumpe su deseo de cielo. Con  los meses el propio corazón diagrama sus espinas, porque no ha de haber esplendor sin melancolía, ni verdad sin padecer (Rilke lo intuyó así).

Cuando abril o septiembre hubiesen desataviado sus vientres, una mañana plúmula de cúmulos, acontecerá el prodigio: abiertos a lo real, lujuriosos, ciertísimos, fragantes de alba, mortificantes como todo lo querible; los pétalos al fin redimidos, extáticos en su escarlata y brillo eterno, dirán que es inmarcesible ser la rosa.

Desnudemos, por tanto, la terrible y sencilla razón de una espera: la rosa ha venido a decirnos su belleza doliente, y su rojedad es un aplauso que nos despierta del letal sueño de los días manidos y aletargados en cualquier trivialidad, olvido o pasatiempo. No es preciso ser poeta, artista plástico o afín para atisbar la exactitud de un rosal y sus metáforas; mas tal vez sí para asistir a su perpetuación. Con el paso de los mil caballos de la duración, la luminosidad rosada decrecerá sola bajo el viento, y he allí su parentesco con la carne y su consanguinidad con el espíritu.

En vano, las tijeras trocharán los espinosos nudos y el refrigerador simulará los rigores del páramo: el emblema de Venus se deshace, se devuelve a la nada, color que dará paso a la incontenible transparencia. Mas ¿dónde iremos a  reclamar su fragancia, esa corporalidad magnética que no sólo a los insectos inspiró pasión o cercanía? La rosa rediviva nos conjurará en afable nitidez, renovada en sentimiento y meditada ensoñación sobre la página, sobre la fértil y extensísima llanura que es el corazón del poeta:

La rosa se desvanece

y se renueva

por su semilla, naturalmente

pero adónde

 

salvo al poema

irá

para que no disminuya

su esplendor

 William Carlos Williams (I)

La experiencia de unicidad y, a su vez, de mismidad de consistir lo otro que nos otorga la poesía, embalsama perpetuamente el ser revelado, aquella distensión del alma que nos encarna en rosas como centros donde lo evocado -¿invocado?- pasa a ser también recuperable, redimible, salvado así en nosotros como algo que busca y alcanza la perdurabilidad.

Bachelard, inspiradamente lúcido, escribe: <<La flor que nace en el ensueño poético es entonces el propio ser del soñador, su ser floreciente>>. (II) ¿No es este florecer del que nos habla William Carlos Williams? Aprendamos, aceptando su influjo, a consistir la rosa, el asfódelo, como una profunda inflorescencia del alma:

me creerán

una rosa

hasta el fin del tiempo

William Carlos Williams (III)

No obstante, es enmudecer también ante el misterio. Nuestro atavismo con el mundo nos instala entre dos perspectivas, dos orillas, dos realidades conjuntas. Una rosa semejante es también un puente. Pasar es la conjura.

Lo paradojal como condición de la existencia. No todo invierno es señal de desaparecimiento, y la juventud nos hace tan dolientes como ancianos. Se padece como la rosa el deshoje. Se hace inevitable callar, doblegarse, entregarnos como quien ora a la invocación de un abril con cuya fuerza comencemos de nuevo a levantarnos:

Y yo no tengo palabras pare decirle al rosal contrahecho

Que mi juventud se doblega ante la misma fiebre invernal

Dylan Thomas (IV)

Una metafísica de la rosa devendrá necesariamente en poética. Rosa, rosae, rosarium; nombres visionarios convocatorios de experiencias interiores, centrífugas y sobre todo arquetipales. Para Ellemire Zolla: <<Los arquetipos que convergen semejan los pétalos abiertos de un capullo de rosa>>. (V)

Arquetipos, sueños, imágenes, emociones. Desde esta perspectiva entendemos al poeta:

Reversos donde el misterio se desnuda,

donde arroja uno a uno los sucesivos

                   [velos los sucesivos nombres,

                                         sin

alcanzar jamás el corazón cerrado

                                                 [de la rosa.

Olga Orozco (VI)

Unidad dentro de lo múltiple, respiración interna que en fotosíntesis del verbo trashuma territorios de revelación. La contemplación incita el goce sensitivo de la inflorescencia, el descubrimiento del retoño como promesa esperanzadora, algo desconocido para quien sólo cultiva flores de plástico o satén. Una epifanía floral que desdeña cualquier afán intelectualizador o moralizante. Sólo se apetece la inaudible visión:

Nadie es el señor de la luz detenida

en una mirada, nadie

 

se demora cantando frente al silencio

de una rosa cerrada.

Eugenio de Andrade (VII)

Orientarse por las rosas significa enrumbar a confines de asombrosos encuentros. El viaje interior se inicia cuando dejamos a ciertos insectos emigrar al deseo. Acontece en el limbo de rojiblancas danzarinas una inaugurada plenitud que reconcilia con todo aquello vegetal que hay en nosotros. Vuelve a la voz el sol amanecido, las líricas resinas derraman en el vino su lujuriosa somnolencia. Sobre todo aquí, en este trópico llameante, envueltos por vahos forestales donde los tepuyes y montañas resguardan los símbolos, encontramos esta voz ancestral, lumínica de un fragmento maya, ubicándonos en la exacta latitud del sentimiento:

Las abejas rojas se derraman sobre la tierra de Oriente:

la rosa es su jícara, la flor encarnada en su flor.

 

Las abejas blancas inundan la tierra del Norte:

La rosa blanca es su jícara, la flor blanca es su flor

Chilam Balam

¿Cómo dejar al sesgo la rosadez de Eros, aquel lecho de rosas conmovido? Más aún es púbica la rosa. En sus corolas se vivifica lo deseable de la femineidad, entreabrir pétalos cual repliegues es una invocación de carácter torrencial. Tocar es conocer. Conozcámosle detenidos donde el cáliz se ofrece abrisado y latiente, y entonces, descender:

Extensos brazos

benevolentes

y tú, rosa abierta, caída

contra el resplandor negro de mis deseos

  Juan Sánchez Peláez (VIII)

La voluptuosidad proviene del color y su prisa, rosas que son detonaciones de la vida en batalla perpetua. Los contrarios convergen en cada botón, su bermellón ejército atravesando las venas en sangre y clorofila, y en su pulso las canciones estallan, como de oleaje deliran las anémonas:

Semejantes a un dios con enormes ojos y con

formas de nieve, el mar y el cielo atraen a las terrazas

de mármol la multitud de jóvenes y fuertes rosas.

Rimbaud (IX)

En Cascia reaparecen cada año entre la tumba de una santa. La conocemos púrpura en El Cairo, mística en Sarón, perdida de los vientos, martianamente blanca. Aún andamos tras el poder de su nombre, Eco lo imaginó anagramado y huidizo. No obstante, la rosa siempre ha de germinar a pesar de las hiedras y otras encinas que provocan pesadumbre, a pesar de la inflación o el superávit. He allí el poeta y su cultivo pródigo:

Por qué llorar la flor marchita

y por qué llorar las lilas

por qué llorar la rosa de ámbar

  Eluard (X)

Ambarina entonces, más no fosilizada. Sí respirante en renuevos, afogajada en abril lubricación ¿Has visto una rosa entregarse bajo la tempestad, su cautivante sumisión a los relámpagos, su cópula de luz, su valseo sordo con los truenos? ¿La has contemplado, seducida, resurgir en el agua?:

 

Dime rosa del agua cuánto blanco te queda

cuánto blanco te queda en el hueso cuánto en el alma

dime qué nube

te da rocío rosa del agua dime qué vuela entre ti

rosa del agua dime qué barcos te crearon

Gustavo Pereira (XI)

Toda la tarde se detiene en su cáliz. Los tordos la describieron trémula  como quien espera un beso. No en vano mayo y octubre disputaron su piel. Recorrerla, aun espina por espina, es admitir la tersura, regresar a los días cuando dormíamos el sueño de los gatos a sus pies, y es también convocar otras auroras, vespertinidades de fábulas contadas y reescritas como se aguarda el cumplimiento de un florecer y un reino:

 

No veo la hija del ya mediado mayo;

esa rosa futura, cargada de rocío

donde mucho murmuran las alas de la tarde

John Keats (XII)

Una significante conjunción de rosas y muchachas apacienta las baladas. Las manos buscan los manojos como la boca la voz y el laúd las sinalefas. El corazón deambula de ventana en ventana recogiendo todo aquello que el poeta destila en melífera profusión de palabras y corolas. Duelen aún las sajaduras, pero la mocedad se devuelve por nuevos atajos:

 

Venían tres muchachas por su calle

                                        diciendo:

Las canciones que cantaban anoche

sabían a rosas

Palomares (XIII)

Mas ¿qué sino un mesiánico dictamen, un empeño de divina creación es la causa del milagro? Si alguien conoce de rosas es el Supremo ser. El poeta intuye, vislumbra la nulidad del tiempo frente a la sacralidad que es manifiesta en tan sutil coronación: cada pétalo es sostenido por  angélicos fulgores y antes del tercer día es eminente su renacimiento en la gleba del poema; por eso se dice de Dios:

Si flotando en las nubes no cayera;

si ni usara del tiempo

con tanta redondez en la rosa, en sus pétalos

Eugenio Montejo (XIV)

Sin amaneramientos, de rigor puro, llevamos en el ser sangre de rosas. Ni tiempos, ni muerte, ni contumaz silencio han podido amilanar este rosado adviento. La poesía resucita indomeñablemente lazariana desde la mente yerma, desde los suelos baldíos de la monotonía o la fugacidad. Vuelve el sol a los pistilos, el relente  a sus efluvios, la rima conjugada con afables espinas. Vuelve la rosa, nuestra alma en distinta redención de amorosa certidumbre. Por claridad, afines, amantes en carmesí bautismo; setenta veces libres, setenta veces vivos ramificando un rosal de palabras infinitas:

                                                          

Ocultadme en un valle tranquilo

y esperando mi resurrección,

id sorbiendo con vuestras raíces

la amargura de mi corazón.

 

Rosas, rosas divinas y bellas,

sollozad, pues sois flores de amor.

Lorca (XV)

Y yo reafirmo, en medio de este siglo del clon, los cyborgs y los seres in vitro, que sólo en el poema la rosa verdadera reencuentra su Dios y nosotros su fragancia.

 José Gregorio Vílchez Morán.

 

 

NOTAS

 

  1. Williams, William Carlos. Pictures from Brueghel. Cit., por: Levertov, Denise. “El poeta en el mundo”. Monte  Ávila editores. Caracas, 1979. Pág. 308.
  2. Bachelard, Gastón. “La poética de la ensoñación”. Fondo de Cultura Económica, Breviarios. México, 1973. Pág. 233.
  3. Williams, William Carlos. “Tres poetas anglosajones”. Fundarte. Colección Breves. Nº 39. Caracas, 1991. Pág. 98.
  4. Thomas, Dylan. “Tres poetas anlosajones. Obra citada., pág. 57.
  5. Zolla, Ellemire. “Los arquetipos”. Monte Ávila Editores. Caracas, 1983. Pág. 171.
  6. Orozco, Olga. “En el revés del cielo”. Editorial Suramericana. Buenos Aires, 1987. Pág. 43.
  7. De Andrade, Eugenio. “Blanco en lo Blanco”. Fundarte. Colección Breves. Nº 35. Caracas, 1987. Pág. 49.
  8. Sánchez Peláez, Juan. “Poesía”. Monte Ávila Editores. Caracas, 1984. Pág. 8.
  9. Rimbaud, Arthur. “Las Iluminaciones”. Monte Ávila Editores. Caracas, 1986. Pág. 2.
  10. Eluard, Paul. “Antología poética”. Fondo Editorial Tropykos. Coleeción Paria, Caracas, 1992. Pág. 20.
  11. Pereira, Gustavo. “Vivir contra morir”. Fundarte. Colección Delta. Nº 20. Caracas, 1988. Pág. 94.
  12. Keats, John. Citado por González León, Adriano. Del Rayo y dela Lluvia”. Ediciones Cadafe. Caracas, 1981. Pág. 283.
  13. Palomares, Ramón. “Poesía”. Monte Ávila Editores. II Edición. Caracas, 1981. Pág. 195.
  14. Montejo, Eugenio. “Alfabeto del mundo”. Editorial Laia. Barcelona, España. 1987. Pág. 77.
  15. García Lorca, Federico.  “Selección poética”. Editores Mexicanos Unidos, 1981. Pág.  268.


Reseña sobre “El Apacible” (Poemas para leer bajo el nublado)

Leer el nublado

           No es un libro propiamente, es un río de cálices, tepuyes, códices y cicatrices; no está dividido por capítulos, sino que tiene ramas frondosas y en ellas hojas de todo tipo. No se puede decidir el lector por apuntar la armoniocidad de su mensaje o de su expresión, lo que personalmente puedo decir es que siento que mi vida en una parte de mi cuerpo está en él; una palabra se asoma como tatuaje: “Concavidad”.

            El calco de la realidad social actual está por todas partes como oxigeno de esa atmósfera, pero expresado de tal manera que muestra su decadencia sin tornarla grotesca, como verdaderamente es; hace posible una lectura agradable y reflexiva sobre nuestra condición humana, muy bien esbozado en el poema de “La teoría del Bang Bang”. En el poema “Absoluto” se precisa una impotencia frente a la falta de sensibilidad del hombre actual por lo espiritual que lo lleva a despreciar la naturaleza; entonces, el poeta se siente extranjero o extraño en su tierra por sentir y sentirse sin temor a disfrutar la naturaleza.

            No puedo ya hablar del todo de la obra, porque al leerlo yo misma me he fragmentado en poemas que armaron mi cuerpo  desarmaron mi mente. El poema que seduce mi alma y agrada más a mi espíritu es “I Reyes 19:12”, porque siento que fue escrito para mi y para todo el mundo… Una poética forma de ver a Dios que me ha dejado disuelta en esa página; cada vez que se lee se visualiza un atributo nuevo de Dios y un aliento nuevo corre dentro del lector sin poder evitarlo.

            El fuego del espíritu Santo brota desde ese poema y calienta todo el río como un hombre cuando acaricia a su amada poco a poco, hasta que ya no son más dos fuegos sino una sola llama. Entonces ya no sería un río frío y pasajero, sino un río tibio: “apacible”.

            De “Vivir en las nubes” sólo puedo decir que no llego a ver las letras, cada palabra me traza una línea de su rostro inevitablemente; veo una foto suya con sus lentes oscuros, su maletín y su camisa de cuadros. No puedo arrancar su imagen de esa página aunque lo intente con intelectual esfuerzo pues he concluido: no es un poema, es una foto. Esa “Columna visible” es su propia cara, su propia vida; sus libros los signos prometidos a nosotros sus lectores, que anhelamos saber, aprender y nacer en ese “habitarse”, ese “oír viendo desde la música” que usted nos habla en el poema “Esa hora”.

            Teniendo la palabra de Dios como catalizador de esos misterios de poder llegar a ser blancos en una ciudad de tinieblas, como bien lo cantan a dúo los poemas “El incienso del pez” y “El mismo matiz”, puedo admitir que el brillo de sus recuerdos ilumina a otros.

A este punto, reconozco que como en su río y en su vida, el poeta siempre nace en una “caída ascensional; a pesar de tantos pesares, para entre otras cosas, escribir entorno a lo feliz o no de los sucesos, y también sobre uno” (del poema “Ley de gravedad”) a través de un código misterioso y universal que nos llevará como poetas a una pretérita inmovilidad que nos hace caer por nuestro propio peso en un “tácito decir” que pocos comprenden. (Del poema “Tráfico pesado”).

            Para finalizar, puedo añadir dos voces que cantan suavemente tras las líneas de ese su río interior: una la de Montejo susurrando que “todo lo que amamos se hace nube” y otra la de Bécquer que termina el cántico recitando: “mientras haya esperanzas y recuerdos habrá poesía”. Entonces me pregunto ¿por qué nube y porqué poesía?, Montejo me responde escondido tras las palabras cual escudo febril para no dejar ver completamente su rostro:

 “La terredad de un pájaro es su canto,

 lo que en su pecho vuelve al mundo con los ecos de un coro invisible

 desde un bosque ya muerto.

Su terredad es el sueño de encontrarse en los ausentes,

de repetir hasta el final la melodía

mientras crucen abiertas los aires

sus alas pasajeras;

aunque no sepan a quien le cantan

ni porqué” (del poema “La terredad del pájaro”, de Montejo).

            Concluyo así que el canto apacible de su río interior viene de Dios y ha florecido en letras que gimen por el desprecio de los corazones endurecidos y los ojos mercantilizados, sudan por el pan de las artes y ríen por la gracia de saberse vivas entre tantos muertos.

Génesis León de García

Poemas de “El Apacible”

RÍO MOMBOY

 El umbral

adviene junto al descenso de las aguas,

la elevación de la niebla abrupta

sobre la sensación beatífica del musgo,

piedras y labios en el cortejo

de aquello besado por la tierra

del paisaje que dentro en su posada

el cuerpo guarda y aguarda

como una gran verdad,

como un rezado silencio

que en las montañas corónase alboreado.

CON-CAVIDAD

La región más bella que aún respira

duerme y amanece en uno

exactamente

donde ventea el sur sus clavicordios

rodeado de tepuyes

al centro de la trémula estrechez

de la galaxia.

ABSOLUTO

¡Qué ironía!

que entre tantos edificios y umbrales

nadie perciba

lo que el chubasco vino a decir

tan dentro de septiembre.

En las paradas de tráfico

la gente protesta contra el aroma herbal del firmamento,

mientras los taxis huyen despavoridos

y hay locales que apresuran a cerrar.

¡Qué ironía!

¡Tantos habitantes deshojados,

tan pocos corazones y sentidos

se ofrecen a lo grisáceo reluciente

a despuntar!

I DE REYES 19:12.

 En aquel segundo del trueno más puro

después del temblor

y el fuego contra las rocas de ser,

allí como viéndose,

como golpe de bello vacío,

su sonido:

APACIBLE

en el cruce fugaz de vida y éter

donde alguna vez

pudimos ser tan claros

y, al unísono,

Elías.

POST ADVIENTO

 El cielo desagua

dejándonos la vastedad doliente

donde antes algo tejíase

de sentido concernido.

Ahora

mar adentro en uno

nada queda, salvo,

algunos cirros anclados

y esta sensación

que a veces padecemos

cuando hemos ido quitando

-no sin duda-

los adornos de navidad.

SIN FERTILIZANTES*

En la calibrada observación de la estructura

de algunos musicales instrumentos

cavilé  y  escudriñé las causas y magias

del por qué

esas flores que a ninguno parecieran perfumar

y esas nubes que no aparecerán

-en ninguna foto satelital o familiar-

se ofrecen a la lasciva ternura en vaciedad de la bóveda celeste,

al silencio expectante que nos arroja al vilo y a la espera

de la tormenta en la inminencia de una luz

más líquida que el mismo aire naciente.

* A José Francisco Ortíz

FE DEBIDA

 A color y olores;

el universo articula el compás,

su canción oblicua sobre los instrumentos circulares y las borgeanas ruinas.

No obstante,

esa no ha sido la retórica

con la cual nos instruían desde abecedarios ilustrados

con frutas y casitas .

Nadie mencionó estas fechas tan resbaladizas,

esta cascada de tiempo que obnubila pretendiendo delinear apariciones,

elementos que parecieran precipitarse desde el Niágara del cuerpo

hacia el pensamiento calcinado de tanto cotidiano ardor.

Definitivamente, no.

No estuvieron nunca estos adioses y décadas

dentro de las piñatas

y  las alcancías con forma de cerditos.

Por eso, el poema,

ante estas evidencias se prolonga,

constriñe,

aún más cáliz,

más patente

arca de irrefutable fidelidad.

Datos Bibliográficos

José Gregorio Vílchez Morán (Maracaibo, Venezuela) es Licenciado en Letras y Magíster en Literatura. Profesor Titular de la Escuela de Letras de la Universidad del Zulia. Fue Jefe del Departamento de Literatura (2002-2006) de la misma Escuela y Secretario-Coordinador del Instituto de Investigaciones Literarias y Lingüísticas (2008-09). Coordinador de la Cátedra Libre Poesía de LUZ (2006-2010). Ha sido Profesor, entre otras, en las siguientes Cátedras: – -“Taller de Lectura y Comentario de Textos I y II”. -“Gerencia Cultural”. -“Taller de Lengua”. -“Teoría Literaria”. – “Semiología “ y Psicocrítica” (Metodologías de la Investigación Literaria I y II) – “Práctica Profesional I, II y III” – “Literatura y Erotismo” -“Seminario de Reflexión y Creación Poética” -“Literatura y Religión” -“Literatura Zuliana” -“Literatura No Occidental” -“Literatura Venezolana Contemporánea”. -“Taller de Expresión Literaria I”. También ha sido Coordinador de la Cátedra libre Poesía de LUZ. Su trayectoria en el ámbito de la escritura literaria le ha hecho merecedor de numerosos reconocimientos en Concursos de Literatura a nivel regional (Universidad del Zulia, Colegio de Licenciados en Educación, Colegio de Abogados, Corpozulia) y nacional ( Premio Certamen Mayor de las Artes y las Letras 2004 Concurso Literario “Cada Día un libro”, convocado por el Despacho del Vice-ministro de Estado para la Cultura y la División General de Literatura del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) obteniendo el Premio correspondiente a la Región Occidental (Estados Zulia, Falcón, Lara y Yaracuy), cuyo Jurado estuvo integrado por los escritores: Ana Enriqueta Terán, Luís Alberto Crespo y Celsa Acosta Seco); así como su participación como Jurado en diversos certámenes literarios (Universidad del Zulia, Universidad Rafael Belloso Chacín, Gobernación del Estado Zulia). Continuo colaborador de publicaciones y revistas (“Dominios”, “De palabra”, “Revista de Literatura Hispanoamericana”) así como Ponente en numerosos eventos En el  año 2009, recibió el Diploma de Reconocimiento a la labor extensionista de la Universidad del Zulia por su gestión 2004-2008. Su obra poética publicada comprende hasta el momento los títulos: Escribir sobre la púrpura (Ediciones Astro Data, 1994), Oscura Fotosíntesis del Día (EDILUZ, 1994), Hombre de cielo intenso (Coedición Gobernación del Edo. Zulia-Dirección de Cultura de L.U.Z., 1995), Rosas de Magdala (Ediciones Astro Data, 1998), Los Espejos Plurales (Antología poética estudiantil de la Escuela de Letras de L.U.Z.; Dirección de Cultura de L.U.Z., 2000), Crismas en el piano (Ediciones Astro Data, 2003) ; De inagotable secreto (El Perro y la Rana, Ediciones del Ministerio de la Cultura, 2006); Las Urdimbres Sonoras (Ensayos) (EDILUZ, 2007) y El Apacible (Poemas para leer bajo el nublado)(IILL-LUZ, 2011) . Posee asimismo varias obras inéditas en los géneros poético y ensayístico. Ha sido incluido en las siguientes antologías: -1994: En “El Lago de los poetas” de Jesús Ángel Parra y Carlos Ildemar Pérez. Secretaría de Cultura. Maracaibo. -2006: En “Las Voces de la Hidra” (Poesía Venezolana de los noventa), de Miguel Marcotrigiano. Ediciones Mucuglifo. Mérida. -2008: “En Obra”( Antología de la Poesía Venezolana 1983-2008) de Gina Saraceni. Editorial Equinoccio. Universidad Simón Bolívar. Caracas. -2011:”De este mundo y otros reinos”(Antología en ascenso) de Milka García, editora y compiladora. Ediciones Pro-Lectura y LUZ (Instituto de Investigaciones literarias y lingüísticas). Textos suyos han sido publicados recientemente en las Revistas Virtuales: Letralia, País Portátil y Las Malas Juntas.

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